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Radix inicia operaciones en Colombia con una apuesta por delegar seguridad, cumplimiento y operaciones

Ana Herazo

Por Ana Herazo

septiembre 9, 2026

Una empresa que crece rápido suele encontrar sus puntos débiles en el peor momento posible: cuando un cliente corporativo le envía un cuestionario de seguridad de cientos de preguntas, o cuando un fondo detiene una ronda porque la compañía no logra explicar cómo protege su información. Radix, que inició operaciones en Colombia el 24 de agosto, se propone cerrar esas brechas antes de que aparezcan.

Radix acompaña a startups y a empresas en expansión en cuatro áreas que rara vez tienen un responsable claro en las primeras etapas: infraestructura tecnológica, seguridad, cumplimiento y operaciones. Su cofundador y director ejecutivo es Angelo Cirillo, que lideró tecnología y operaciones en la fintech iuvity y antes trabajó en Banco Falabella Colombia y en Farmatodo.

Colombia será su mercado prioritario, y Venezuela también figura en sus planes de crecimiento. La elección de Colombia tiene una lógica de mercado: el país cerró 2025 con 2.295 startups activas, un 9,3% más que el año anterior, y US$857 millones movidos en 131 operaciones de inversión, según el Colombia Tech Report 2026 de KPMG Colombia y BBVA Spark. Ese capital está concentrado: fintech absorbió el 60% y Bogotá, más del 80%. Y fintech es un sector donde la seguridad y el cumplimiento son condición para operar.

«Trabajar tanto del lado del cliente como del proveedor me permitió entender que muchas empresas en crecimiento enfrentan los mismos retos que las grandes organizaciones, pero sin contar con los mismos recursos ni equipos especializados», afirmó Cirillo en el anuncio de lanzamiento. «Cuando una empresa empieza a crecer aparecen responsabilidades que antes no existían».

Un diagnóstico y una escalera de tres niveles

El modelo de Radix está organizado en tres niveles. El primero, Radix X, es un diagnóstico rápido del estado operativo y de seguridad del negocio: entrega un puntaje y un plan de acción explicado, según la compañía, en lenguaje de negocio y no en términos técnicos. El segundo, Radix Evolve, interviene esas áreas para dejarlas en orden. El tercero, Radix Scale, asume la función completa cuando la empresa prefiere delegarla por entero. A eso se suma un esquema de consumo por demanda, con perfiles especializados que se contratan según la necesidad de cada momento.

Las tareas que Radix propone absorber son las que suelen aparecer de golpe cuando una compañía escala: responder a los requisitos de clientes grandes, sostener la continuidad del negocio, ordenar contratos y procesos, y dar garantías a los inversionistas durante una ronda. Equivocarse en seguridad se paga caro: una filtración de datos le cuesta a una empresa US$4,99 millones en promedio a nivel global, un 12% más que el año anterior, de acuerdo con la edición 2026 del informe Cost of a Data Breach de IBM.

«Muchas empresas llegan a una oportunidad importante y descubren que todavía no estaban preparadas para aprovecharla», explica Cirillo. «No porque les falte un buen producto, sino porque nadie les ayudó a construir las bases necesarias para crecer con confianza».

Delegar la trastienda: la oportunidad y la duda

El modelo que vende Radix no es nuevo. Las plataformas de automatización de cumplimiento como Vanta, Drata o Secureframe, las firmas de CISO por horas y algunos proveedores regionales enfocados en fintech ya ofrecen versiones de lo mismo: llevar a una empresa joven a certificaciones como SOC 2 o ISO 27001 sin que tenga que armar un equipo interno. Lo que Radix reivindica como diferencia es reunir los cuatro frentes en un mismo socio con operación en el país, en lugar de resolver solo la parte de cumplimiento con una herramienta, y traducir el diagnóstico a un lenguaje sobre el que un fundador sin perfil técnico pueda actuar.

La pregunta que queda abierta es hasta dónde conviene delegar. Quién responde ante un incidente, qué pasa si la relación se termina y cuánta dependencia se crea de un solo proveedor son preguntas que suelen aparecer cuando un inversionista o un cliente corporativo evalúa a una empresa que terceriza esas funciones. Radix responde a esa objeción con su promesa de no atar al cliente y de niveles que la empresa puede subir o bajar, pero el mercado colombiano todavía no ha mostrado si las compañías en crecimiento quieren entregar esa función o prefieren construirla en casa.

Cirillo lo resume como un problema de oportunidades perdidas. «El mayor riesgo para una empresa que busca crecer es perder la oportunidad de trabajar con un gran cliente, cerrar una ronda de inversión o entrar a un nuevo mercado porque la empresa no estaba preparada para responder a esas exigencias», concluye. «Prepararse antes de que esas oportunidades lleguen puede marcar la diferencia entre aprovecharlas o quedarse por fuera».

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