Por Yanin Alfaro
marzo 24, 2026
La implementación de open finance (finanzas abiertas) en Latinoamérica no termina de dar el salto debido a algunos retos estructurales como la estandarización técnica para que diferentes instituciones hablen entre sí, la ciberseguridad y el marco regulatorio.
Pero más allá de esos retos macro hay un par de desafíos que pueden ser subestimados y que están frenando de igual manera la implementación masiva de esta tecnología que es el sueño de muchas fintech.
El open finance es la evolución natural del open banking, pues permite que los usuarios compartan no sólo sus datos bancarios, sino también información sobre seguros, inversiones, pensiones y créditos. Aunque compartir esta data tiene muchas implicaciones.
Para que diferentes instituciones hablen entre sí, necesitan un lenguaje uniforme. Un lenguaje con información de calidad. Es decir, los datos deben estar limpios y estructurados. Pues, de nada sirve recibir un pago con una nomenclatura con «pago_01» si no sabemos si es un seguro de auto o una suscripción a Netflix.
El open finance es muy útil cuando una fintech busca evaluar el riesgo de un usuario que solicita un crédito. El reto es que esta información no siempre está concentrada, centralizada y ordenada, asegura Oscar Hernández, CEO de la consultora Bluetab Latam.
En ocasiones estos datos no están estandarizados. Por ejemplo, en el mar de datos puede parecer que hay tres usuarios: “María”, “María López” y “María L.», cuando en realidad es el mismo cliente.
“Lo que justamente buscamos es que la información sea consistente, que sea sólida, porque ahí puedes tener información errónea en estas bases gigantes de datos”, dice Hernández en entrevista con Contxto.
Ordenar los datos no es magia, dice Hernández, desde Bluetab ayudan a las instituciones financieras a clasificar esa información que están compartiendo. La consultora, que fue adquirida por IBM en 2021, ayuda a las organizaciones a convertir sus datos en decisiones reales para que generen un valor hacia el negocio.
“Todos esos datos es conocimiento que va generando la industria, ordenarlas es convertirlas en conocimiento”, asegura Hernández.
Hernández considera que es importante compartir los datos, sin olvidar la privacidad. “La trazabilidad de la información también es muy importante, cómo se usa un nombre, cómo se traslada a las diferentes fuentes para ofrecer un producto, una campaña, un nuevo servicio, una asesoría personal, etcétera”.
Como mexicano, Hernández sabe que compartir esta información requiere de un control quirúrgico sobre el consentimiento del usuario: qué datos se comparten, para qué y por cuánto tiempo.
En México el open finance opera bajo la Ley Fintech. En el artículo 76 se establece que los datos transaccionales sólo pueden compartirse con el consentimiento previo y explícito del cliente. Estos datos, considerados los más sensibles, pueden ser saldos en cuentas, historial de depósitos y retiros, movimientos de tarjetas de crédito, historial de pagos de préstamos e inversiones activas.
Natalia Landeta, CEO y cofundadora de Certena, ha identificado una necesidad en el mercado que tiene que ver precisamente con el consentimiento y la privacidad.
Desde Colombia, considera que “los datos están manejándose de forma muy rápida, y va a llegar un momento donde hay que controlarlo y regularlo mediante el consentimiento”.
El modelo de negocio de Certena promueve que las empresas activen la opción del consentimiento de manera clara para que los usuarios estén enterados de qué datos están compartiendo. Es un intermediario que empodera al usuario, asegura Landeta en entrevista con Contxto.
“El sistema de open banking está basado en confianza, y la confianza lo que dice es que el usuario tiene que administrar sus datos”, afirma.
Pero esta confianza es todavía una barrera para la democratización del open finance. El usuario promedio aún desconfía de otorgar acceso a sus cuentas. Si no se comunica claramente el beneficio (mejores tasas o asesoría personalizada), el cliente simplemente dirá «no».
Landeta dice que Certera busca ayudar a las empresas a cumplir no solo con la normativa, sino a mantener el consentimiento como un documento vivo y vigente. Y propone que este consentimiento para diferentes empresas financieras e incluso de telecomunicaciones se gestione desde su plataforma. Esto mitigaría el riesgo de fatiga del consumidor al manejar decenas de permisos en diferentes aplicaciones.