Por Ana Herazo
marzo 17, 2026
Medellín no necesita demostrar que puede ser un hub de innovación; lo es. La ciudad alcanzó 63 puntos en el índice de condiciones para el emprendimiento dinámico de GEIAL en el 2025, junto a ciudades como São Paulo, Santiago de Chile y Montevideo. La región concentra el 25% de las startups respaldadas por venture capital en Colombia, además de una red creciente de incubadoras, instituciones y empresas se han articulado para operar en el presente, no solo con planes al futuro.
La pregunta ya no es si Medellín puede, es qué falta para que la tracción que se ha venido formando se convierta en un ciclo económico completo donde los emprendedores creen, el capital financie, el mercado consuma y la economía se beneficie. Las tres piezas que siguen faltando son más específicas de lo que parece.
En Medellín hay una paradoja: la ciudad tiene una enorme cantidad de condiciones para ser una potencia emprendedora, pero una parte del ecosistema sigue mirando hacia afuera buscando validación.
Tomás Ríos, director de On.going Centro de Emprendimiento de Impacto de EAFIT, le cuenta a Contxto como lo ha visto de cerca. Cuando la rectora de la universidad EAFIT Claudia Restrepo evaluó el estado del emprendimiento en la universidad en el 2021, descubrió que menos del 5% de las startups de mayor impacto en Colombia tenían fundadores eafitenses. La respuesta: crear On.going para sacar al emprendimiento de su silo académico y conectarlo con el ecosistema real.
Cuatro años después, el centro ha incubado a cerca de 190 iniciativas, del cual el 40% está formalizado, generando empleo y pagando impuestos. Pero más allá de los números, lo más interesante es la apuesta por no parar allí.
Recientemente EAFIT, Fundación Fraternidad Medellín, Universidad EIA y On.going se aliaron para lanzar U Ventures, el primer fondo de capital de riesgo en Colombia diseñado para invertir en talento universitario. “De cada mil ideas, tal vez cuatro crecen y escalan”, explica Ríos. “Para tener 40 grandes empresas en el futuro, necesitas diez mil ideas hoy.”
Es una apuesta por construir desde abajo, no por importar modelos desde afuera. Y eso conecta con lo que está sucediendo desde el otro lado del ecosistema. Juan Gabriel Arboleda, CEO de Starter Company, ha pasado siete años construyendo lo que hoy es uno de los eventos de startups más grande de América Latina.
La edición 2025 reunió a 13,000 asistentes de 20 países, 340 startups y más de 160 fondos de inversión. Junto con la alcaldía de Medellín y Ruta N, este año lanzaron Road to StartCo, un programa que capacita a más de 1000 emprendedores del sector tradicional sobre el ecosistema de innovación.
Precisamente a este ecosistema lleno de oportunidades es al que Michael Puscar, emprendedor serial estadounidense, se refiere cuando dice: “Dejemos de decir que Medellín es el próximo Sillicon Valley, no tiene que ser así. Por qué no creamos lo nuestro acá, algo diferente, algo aparte?”.
Puscar llegó en 2011, cuando Ruta N apenas comenzaba. Tres exits llevados a cabo después, la ciudad de Medellín lo cautivo para quedarse. Esa es la misma recomendación que le daría a los fundadores colombianos pensando en irse a otros países: “Quedense. Hay mucho talento acá”.
Los paisas le dicen perrenque a esa combinación de tenacidad y creatividad que hace que alguien siga empujando cuando todo parece terminado. El ecosistema tiene perrenque de sobra, lo que necesita es que ese empuje se acompañe de dos cosas que no dependen solo de los emprendedores.
“Estados Unidos nos lleva 60 años de historia en venture capital”, dice Arboleda. “No es que tengan algo que nosotros no tengamos. Simplemente vamos atrás en la línea de tiempo”. Ríos coincide desde la academia, citando que solo el 2% de los emprendimientos universitarios en latinoamérica logran escalar. Sin más sistemas de acompañamiento y financiación como U Ventures o Road to StartCo que sostengan las ideas desde la etapa más temprana, el pipeline se hunde antes de poder producir resultados.
Puscar, que también invierte a través del Puscar Buriticá Family Office, lo vive desde adentro. Las family offices de Medellín siguen ancladas al sector inmobiliario y la minería. “Los jóvenes en esas family offices si quieren invertir en tecnología. Pero aún tiene la percepción de que es muy arriesgado”. El resultado: los emprendedores terminan buscando capital en Delaware, no en El Poblado.
El segundo vacío es el mercado interno. Medellín produce muchos fundadores, pero terminan prefiriendo vender a Bogotá y México porque el consumo local no absorbe lo que se construye acá. “Yo vivo acá, pero un alto porcentaje de mis clientes están en Bogotá y CDMX” dice Arboleda.
Estos son dos vacíos que no se llenan con más incubadoras o eventos, se llenan con la articulación corporativa. Después de la ola de inversión entre el 2019 y 2021, la corrección parece haber disminuido el interés de las grandes corporaciones y esa es la que más se necesita.
Cuando los corporativos compran soluciones locales, se genera consumo. Cuando las family offices invierten en startups locales, se genera capital. Y cuando ambas se quedan en la ciudad, se potencia el ciclo económico que impulsa la innovación.
Por eso, el ecosistema no necesita más discurso sobre innovación. Necesita que las empresas que ya están acá pongan recursos reales sobre la mesa.
Medellín tiene algo que otras ciudades de la región no tienen, las piezas ya están sobre el tablero. La academia está generando pipeline con iniciativas como U Ventures. El sector privado está conectando startups con capital a través de StartCo. Emprendedores e inversionistas internacionales como Puscar eligen quedarse y construir desde acá. El gobierno local ha hecho su apuesta.
Lo que falta no es visión. Es compromiso del sector privado local. Si las grandes empresas de Medellín le apuestan al ecosistema con la misma convicción con la que le apuestan a sus inversiones internacionales, la ciudad deja de ser un hub emergente y se convierte en uno consolidado. El talento está. La infraestructura está. Lo que Medellín necesita ahora es que sus propios actores dejen de tratarlo como algo que va a pasar en el futuro y empiecen a construirlo como lo que ya es.