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Por qué la próxima década del transporte por carretera se ganará con datos y no con diésel

Stiven Cartagena

Por Stiven Cartagena

septiembre 15, 2026

En América Latina, un despachador de flota rara vez tiene tiempo de pensar en el futuro. Su día transcurre resolviendo lo urgente, una alerta de aduana, un salto inesperado en el precio del diésel, un bloqueo en la frontera, un contenedor que llegó al puerto y necesita salir esa misma noche. Es una cultura de extinción de incendios, forjada por necesidad, que durante años ha tapado algo más importante. Las fuerzas tecnológicas que ya están redefiniendo quién gana y quién pierde en el transporte de carga del continente.

Para la mayoría de las empresas de la región, planificar sigue siendo sinónimo de reaccionar: el próximo arancel, el siguiente cuello de botella aduanero, el cambio regulatorio de turno. Reaccionar rápido es una habilidad de supervivencia. Pero quedarse atrapado ahí impide ver la tendencia de fondo que definirá, en la próxima década, qué empresas sobreviven y cuáles quiebran.

Una región que se mueve sobre ruedas, no sobre datos

El tamaño del reto se aprecia en el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial, donde incluso economías líderes como Brasil o Argentina siguen fuera del grupo de élite global. Frente a esa brecha, las compañías más avanzadas de la región aceleran su salto de la gestión analógica a sistemas integrados, como los ERP, WMS y TMS, que prometen estandarizar procesos y dar visibilidad.

El punto de partida es contundente es que, según cifras recopiladas por medios especializados en logística regional, más del 80% de la carga en América Latina se sigue moviendo por carretera, frente a una participación ferroviaria de apenas entre el 7% y el 10%. En Colombia esa cifra ronda el 77-79%.

Pero digitalizarse no ha sido sencillo. La telemática avanzada, las tarjetas de combustible y los sensores IoT generan un volumen enorme de datos cada día, y sin embargo casi toda esa información termina archivada y sin usar, atrapada por la falta de herramientas capaces de cruzarla y por los márgenes minúsculos que caracterizan al transporte por carretera.

Nadar en datos con los márgenes en cero

El verdadero dolor de cabeza de un gerente de flota no es la falta de información, sino su fragmentación. Un software para rutas, otro para telemetría, una tarjeta distinta para combustible, una plataforma aparte para fletes spot. Como estos sistemas no se hablan entre sí, resulta casi imposible calcular con precisión cuánto gana (o pierde) la empresa en cada viaje, en tiempo real.

Esa ineficiencia golpea justo cuando menos se lo puede permitir el sector. Las tarifas de flete llevan meses bajas, el combustible es volátil y los salarios de los conductores no dejan de subir. En México, el diésel pesa entre 25% y 40% de los costos del autotransporte, y puede superar el 40% en rutas transfronterizas largas, según un análisis de WhyLoyalty. Sumados, estos costos fijos y variables dejan márgenes tan ajustados que un solo camión parado puede arruinar la rentabilidad de toda la semana.

La presión, además, va en aumento. El comercio que entra al continente por vía marítima, en buques portacontenedores que cruzan rutas como el Canal de Panamá, ejemplo emblemático, ahora tiene que salir por tierra, contenedor por contenedor, distribuido por flotas que ya operan al límite de su capacidad física y digital. Cada contenedor que baja de un buque se convierte, de inmediato, en un problema de transporte terrestre.

El espejismo del borrón y cuenta nueva tecnológico

Ante este panorama, la respuesta tradicional de muchas corporaciones ha sido el llamado rip-and-replace: tirar todo lo que hay y comprar una suite de software transnacional, carísima, para empezar de cero. En América Latina, donde el capital es costoso y las operaciones no pueden parar ni un día, esa estrategia suele terminar mal.

Los números lo confirman. En Latinoamérica, se estima que el 70% de las implementaciones de ERP en pequeñas y medianas empresas de la región fracasan, incluso después de tres años de intentos. Y quienes sí completan el proyecto no salen ilesos: firmas como Akari señalan que, entre las pymes mexicanas, el 75% de las implementaciones excede el tiempo planeado y más de la mitad se pasa del presupuesto. Ese miedo de «esto no es para nosotros» es, muchas veces, lo que termina paralizando a las empresas que más necesitan modernizarse.

El mercado necesita otra cosa: herramientas que actúen como traductor universal entre los sistemas heredados, la telemática de los vehículos y las nuevas tecnologías, sin obligar a nadie a apagar su operación un solo día. La urgencia es todavía mayor frente a la creciente presencia comercial de empresas asiáticas en la región, que no solo controlan infraestructura portuaria clave, incluidas terminales de contenedores, sino que imponen estándares de velocidad y automatización a los que los proveedores locales deben adaptarse para no perder contratos.

La automatización total de almacenes robotizados al estilo Silicon Valley sigue siendo, para la mayoría de las flotas de la región, una fantasía costosa. La verdadera oportunidad está en la modernización híbrida y de bajo costo: vehículos de guiado automático en puntos críticos, y software inteligente que sincroniza lo que las empresas ya tienen funcionando.

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Nueva ola de tecnología en logística

Aquí entra en juego un concepto que empieza a ganar terreno: el software superpuesto, u overlay brain. Es una capa de inteligencia de datos que no reemplaza nada de lo que la empresa ya usa. En vez de instalar un TMS desde cero, limpia, unifica y enriquece las bases de datos existentes para darle al despachador una sola fuente de verdad, en tiempo real.

Plataformas como FleetMetrics representan esta nueva ola de tecnología incremental: sincronizan de forma nativa los datos del TMS, la telemetría y el consumo de combustible de cada camión. Al cruzar esos silos, permiten calcular en segundos indicadores que antes tomaban días de hojas de cálculo, como el costo exacto por kilómetro o el ingreso neto diario de cada unidad en ruta.

"El software de IA de Transmetrics se sitúa sobre el TMS y la telemática. No reemplaza lo que ya usas, simplemente conecta los datos para que despacho, finanzas y los conductores estén mirando los mismos datos sobre los camiones, las cargas y el combustible", dijo Asparuh Koev, CEO de Transmetrics.

Los resultados son inmediatos. Un camión detenido con el motor encendido puede costarle a una empresa entre 700 y 800 dólares diarios en combustible y desgaste mecánico. Monitorear esas desviaciones y cruzarlas con la programación del TMS permite que el sistema alerte al despacho antes de que el dinero se pierda, no después.

Creada por la compañía búlgara Transmetrics, esta capa de inteligencia ya trabaja con algunos de los operadores logísticos más grandes de Europa, entre ellos DHL, Kuehne+Nagel, DB Schenker y DPD.

"Cuando el sistema muestra exactamente cuánto gana y cuánto gasta cada camión al día, resulta mucho más fácil reducir los recorridos en vacío, disminuir el tiempo en ralentí y concentrarse en los viajes que realmente generan dinero para la empresa", dijo Koev.

Según cifras publicadas por la propia empresa, sus clientes han registrado hasta un 10% de reducción en costos de transporte, un aumento de hasta 14% en la utilización de flota y una disminución de hasta 12% en el tamaño de flota necesario para mover el mismo volumen de carga, sin sacrificar el nivel de servicio.

"La mayoría de las flotas ya está recopilando datos del TMS, la telemática y las tarjetas de combustible. El verdadero cambio ocurre cuando la IA convierte esos datos en respuestas sencillas, como qué rutas funcionan, qué camiones tienen un desempeño inferior y dónde está la próxima carga rentable", dijo Koev.

Lo interesante para América Latina es que el mecanismo no depende de la geografía. La lógica de un «cerebro superpuesto», sincronizar esta tecnología resuelve exactamente el mismo cuello de botella que enfrenta un transportista en Bogotá, Guadalajara o São Paulo: sistemas que no se hablan entre sí y datos que se generan pero nunca se usan. La diferencia no está en la tecnología, sino en si la región decide adoptarla antes o después de que los márgenes terminen de desaparecer.

El mayor valor de la inteligencia artificial en la logística latinoamericana no está en reemplazar al operador humano, sino en multiplicar su productividad. Al delegar la captura repetitiva de datos a algoritmos predictivos, el personal del centro de control se convierte en analista estratégico, dedicado a decisiones complejas en tiempo real. Las condiciones del transporte de contenedores en la región seguirán siendo inciertas, entre tarifas, combustible y fronteras, pero las herramientas correctas permiten que esa incertidumbre deje de traducirse en caos operativo diario, dando más certeza a cada eslabón de la cadena, del contenedor que baja del buque al camión que lo entrega.

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