
Por Stiven Cartagena
noviembre 4, 2026
América Latina y el Caribe tienen una riqueza natural enorme. Lo difícil es convertirla en desarrollo sostenible, y para eso hacen falta otras formas de innovar, de financiar y de trabajar en conjunto. No basta con conservar los ecosistemas: también hay que sacarles valor económico y social sin romper su equilibrio y sin dejar de lado a las comunidades que viven en esos territorios.
Un ejemplo de ese potencial es el Premio NaturaTech LAC, con el que GET Forum 2026, C Minds y BID Lab reconocieron a 18 iniciativas de la región que unen innovación, naturaleza y prosperidad. El premio pone el foco en emprendimientos y proyectos que responden a problemas ambientales con soluciones basadas en la biodiversidad.
Pero crecer es otra historia. Estas iniciativas chocan con la falta de financiación, con la dificultad de medir su impacto y con modelos de inversión que no se ajustan a los tiempos ni a las particularidades de los negocios basados en la naturaleza. Y queda otra pregunta: cómo usar tecnologías como la inteligencia artificial sin ignorar lo que cuestan en términos ambientales y sociales.
De todo eso hablamos en este episodio de En Contxto con Constanza Gómez-Mont, fundadora y CEO de C-Minds: innovación social y ambiental, turismo regenerativo, bioeconomía y el potencial de la biodiversidad latinoamericana. También conversamos sobre lo difícil que es financiar y escalar estas iniciativas, y sobre por qué el éxito de la tecnología no debería medirse solo por su eficiencia. ¿Vivimos mejor o simplemente hacemos las cosas más rápido?
Stiven: Para quienes no conocen C-Minds, ¿nos puedes contar un poco qué es y cómo trabajan precisamente en conectar la tecnología con los desafíos sociales?
Constanza Gómez-Mont: Por supuesto. C-Minds somos una organización de innovación social y ambiental. Desde hace más de 15 años nos preguntamos cómo podemos aprovechar al máximo las nuevas tecnologías de una forma contextual y responsable, para que sean una herramienta estratégica que contribuya a resolver problemas sociales y ambientales, particularmente en Latinoamérica y el Caribe.
También tenemos un fuerte compromiso y una agenda a nivel global, donde se están tomando decisiones sobre la gobernanza de estas tecnologías.
Stiven: Recientemente, C-Minds y BID Lab reconocieron a 18 iniciativas de América Latina y el Caribe con el Premio NaturaTech LAC. ¿Qué encontraron en estas propuestas y qué potencial identificaron?
Constanza Gómez-Mont: Nos emociona muchísimo. Este año celebramos la segunda edición del Premio NaturaTech LAC, que lanzamos a nivel regional, encabezado por BID Lab, en coordinación con otras áreas del BID, con C-Minds como colaborador y el apoyo de nuestros socios.
Nos hicimos una pregunta: ¿cómo podemos encontrar y crear una plataforma para dar más visibilidad, financiamiento catalítico, apoyo y conexiones estratégicas a aquellas empresas que están demostrando que sí es posible tener una empresa rentable y generar ingresos teniendo a la naturaleza en el centro de las decisiones y operaciones del modelo de negocio?
Algo de lo que nos dimos cuenta es que no hay duda de que el talento de Latinoamérica y el Caribe es profundamente alto en estos temas. Estamos en una región que es hogar de más del 40 % de la biodiversidad del mundo.
Entonces, preguntarnos cómo podemos dar visibilidad y ayudar a que evolucionen las industrias verdes y azules en Latinoamérica no se vuelve solamente un lujo, sino una necesidad de competitividad económica para la región. También es una necesidad para transitar hacia economías locales mucho más centradas en la prosperidad local y la conservación del medio ambiente.
Queremos plantear nuevas lógicas en las que este tipo de empresas e industrias, que son positivas para la naturaleza y las personas, puedan contar con más herramientas para escalar, encontrar oportunidades en cadenas de valor locales y globales, y ser competitivas.
De forma general, de eso se trató este reconocimiento. Forma parte de una visión y un programa mucho más amplio que se llama Natura 500, centrado en ayudar a escalar estas industrias.
En esta edición premiamos 18 iniciativas de más de seis países de la región y tenemos un radar de más de 400 empresas que, si bien no fueron premiadas en esta ocasión, ya forman parte de la visibilidad de un portafolio regional. Son empresas que están demostrando que sí es posible tener ambas cosas: rentabilidad y un impacto positivo en la naturaleza.
Stiven: Cuando hablas de que sí es posible tener ambas cosas, me surge una pregunta. América Latina y el Caribe tienen una enorme riqueza natural, pero muchas comunidades dependen también de actividades que pueden deteriorar sus ecosistemas. ¿Cómo hacemos que proteger la naturaleza también sea un negocio para estas comunidades nativas?
Te lo pregunto porque hay una de esas iniciativas que me llama mucho la atención: Camino del Mayab, que conecta comunidades mayas con el turismo en México. ¿Cómo se podría lograr eso?
Constanza Gómez-Mont: Por supuesto. Aquí la pregunta es: ¿cómo conservar y regenerar la biodiversidad puede ser también una fuente de ingresos alternativos? ¿Cómo podemos crear modelos de negocio en los que la conservación y regeneración de nuestros sistemas naturales sean parte de la oferta de valor, de los servicios y productos que generan valor?
Así, no se convierte en una donación, sino en un servicio competitivo frente a otros servicios que existen, en este caso, en el turismo.
Nosotros le llamamos turismo regenerativo. ¿Por qué utilizamos ese término? Desde la iniciativa NaturaTech LAC, y cada vez más desde diferentes sectores del turismo en Latinoamérica, queremos decir que la pregunta central no es solamente cómo capturar más valor económico de los turistas.
También se trata de que las comunidades locales se conviertan en socias del modelo de negocio. No necesariamente en beneficiarias o simplemente actores de una cadena de valor, sino en socias de los nuevos modelos económicos.
Otro elemento central de las decisiones de turismo regenerativo es que la oferta de valor se base en conservar el patrimonio biocultural. Cuando hablo de patrimonio biocultural no me refiero únicamente a la conservación del espacio natural, sino también a la conservación, el respeto y la valorización de los conocimientos tradicionales, en este caso de la cultura maya, así como de sistemas de conocimiento y tradiciones que forman parte de nuestro patrimonio.
La pregunta es cómo se valorizan estos elementos de tal forma que todos ganen. No solamente el turista que recibe ciertos servicios y productos, y la empresa que los ofrece, sino también las comunidades locales como socias y la biodiversidad, porque todo está centrado en su conservación y regeneración.
En términos generales, también ganamos demostrando que es posible desarrollar un tipo de turismo en el que el centro de la oferta de valor esté en la conservación y valorización de una dimensión biocultural, especialmente en zonas con una gran riqueza de biodiversidad y sistemas de conocimiento, como la península de Yucatán.
Stiven: Sí, y es algo que se está viendo mucho, Constanza, incluso en toda Latinoamérica.
Constanza Gómez-Mont: Por supuesto. Son varios y justamente por eso existen apuestas como Natura 500, encabezada por BID Lab y nosotros, además de muchos otros socios en la región.
Se trata de lograr que estas iniciativas tengan más acceso a financiamiento, visibilidad y herramientas para convertirse en empresas más competitivas, y de fortalecer la industria en general.
Pero tu pregunta también apunta a cómo podemos trabajar en las condiciones habilitantes. A veces nos enfocamos en temas que parecen básicos, pero que podemos pasar por alto. Por ejemplo, ¿qué significa que este tipo de empresas integren desde el principio el respeto por la soberanía de datos, especialmente la de los pueblos indígenas?
También debemos preguntarnos qué significa que puedan escalar de una forma coherente. Un ejemplo es Cario, otra de las empresas premiadas, que trabaja con aceite de cacay silvestre de la Amazonía colombiana, con procesamiento local, trazabilidad y comercio justo.
En el caso de las empresas basadas en productos naturales y de las iniciativas de bioeconomía, debemos preguntarnos qué significa crecer sin que ese crecimiento implique empezar a deforestar. Es importante que exista coherencia entre el desarrollo de estas empresas y los valores que las definen.
Para responder puntualmente a tu pregunta sobre qué necesitan para escalar, por supuesto que necesitan acceso a capital. Para acceder a él, debemos reducir la percepción de riesgo para los inversionistas, por ejemplo, cuando no existe verificación de resultados o trazabilidad del impacto.
Actualmente es cada vez más común que, especialmente en la era de la inteligencia artificial, una empresa tenga que ofrecer un retorno de inversión de 10 veces en los siguientes cinco años para atraer la atención de muchos inversionistas. De lo contrario, puede no cumplir con sus criterios de rentabilidad y retorno.
Por eso necesitamos también un cambio cultural y nuevas oportunidades para ajustar las líneas de financiamiento. Tanto los créditos como las inversiones deben estar contextualizados a la realidad de estas industrias.
A diferencia de muchas industrias digitales, estas empresas pueden tardar diez años en madurar y demostrar su impacto. Además, como trabajan a nivel comunitario, sus tiempos pueden ser diferentes.
Primero, necesitamos adecuar los mecanismos de financiamiento y los distintos accesos a capital a las realidades de las industrias verdes y azules. Así podremos ser más congruentes, como comunidad interesada en invertir, con lo que significa que estas industrias evolucionen en su totalidad.
Segundo, tenemos que prestar atención a la responsabilidad ética y a los derechos humanos. Esto incluye la soberanía de datos, especialmente porque muchas de estas empresas trabajan de la mano o en sociedad con comunidades locales.
Hay una dimensión que se vuelve muy importante. Por cuestiones de tiempo y de competitividad, es fácil acelerar ciertas decisiones, pero hay estructuras en las que se necesita trabajar con mucho cuidado.
Esto ocurre en temas como la soberanía de datos, el respeto al conocimiento tradicional y la distribución de beneficios. ¿Qué pasa cuando una farmacéutica toma datos de lugares biodiversos o utiliza conocimientos indígenas, pero las comunidades no reciben una retribución económica por el valor que aportaron a esas nuevas industrias farmacéuticas?
Lo que quiero decir es que, para escalar estas industrias, no debemos mirar únicamente el financiamiento. También tenemos que considerar las condiciones habilitantes que permitan que sean coherentes y competitivas.
Stiven: Excelente. También estoy de acuerdo con estos retos, Constanza. Mencionaste algunos temas que nos permiten pasar a un segundo bloque de la conversación: la inteligencia artificial y los datos.
Antes de entrar de lleno en ese tema, quisiera preguntarte por los centros de datos. Hemos visto que la inteligencia artificial también puede ayudar a proteger el medio ambiente. Sin embargo, entrenar esos modelos requiere electricidad y grandes cantidades de agua. ¿Cómo medimos si el beneficio ambiental de una tecnología compensa los recursos que consume?
Constanza Gómez-Mont: Por supuesto. Es una pregunta importantísima.
He tenido la fortuna de trabajar con UNESCO en los últimos años, ayudando a liderar esfuerzos para responder justamente a estas preguntas y crear guías que permitan a los gobiernos y diferentes actores abordarlas.
Lo que comentas representa una tensión. Por un lado, estamos utilizando estas tecnologías para escalar soluciones y obtener respuestas mucho más eficientes. Hay sistemas de inteligencia artificial que se utilizan para el monitoreo de la conservación, la eficiencia energética y muchas otras aplicaciones necesarias para las agendas verdes y azules de nuestra región y del mundo.
Pero, como bien comentas, existe una huella ambiental que no es menor.
Antes, la conversación sobre los centros de datos estaba muy enfocada en el uso energético. Sin embargo, no se trata solamente de la huella energética, sino también del consumo de agua de estos centros.
Hay además una dimensión de vulnerabilidad social. Algunos centros se establecen en lugares donde existen poblaciones en situación de vulnerabilidad y condiciones de falta de acceso al agua o a cierto tipo de infraestructura. En ocasiones, se instalan allí porque hay falta de regulación en determinados países, lo que facilita su llegada a contextos socialmente muy sensibles.
Por eso no es una conversación sencilla. Estamos viendo las ventajas de estos sistemas en muchos campos, incluida la salud. Pero aquí es donde entran en juego las políticas públicas, la regulación y los estándares. Estos elementos permiten establecer límites y definir qué aspectos deben considerarse en la toma de decisiones.
No se trata únicamente de mitigar el impacto, sino también de asegurar que se mida. Todavía hay pocas prácticas para medir el impacto que estas infraestructuras tienen en sus diferentes dimensiones, y necesitamos poder gestionarlo, mitigarlo y evitar costos negativos tanto para el medio ambiente como para las personas.
Quisiera cerrar mencionando que UNESCO publicó recientemente una guía internacional sobre el uso de la inteligencia artificial y su relación con el medio ambiente y los ecosistemas. Tuve la fortuna de ayudar a liderar ese esfuerzo.
La guía ofrece recursos, estándares y estudios para gobiernos e instituciones interesadas en estas preguntas, con una perspectiva internacional y especialmente relevante para Latinoamérica, donde estamos viendo un crecimiento exponencial de este tipo de infraestructura.
Por un lado, esta infraestructura es positiva por muchas razones. Sin embargo, debemos asegurarnos de que su desarrollo no ocurra a costa del medio ambiente ni de los derechos humanos, especialmente de las comunidades que viven en esos territorios.
Stiven: Excelente, Constanza. Ya que mencionaste el trabajo que realizaste junto con UNESCO, ¿qué tendría que cambiar en los próximos cinco años en nuestra relación con la tecnología, la sociedad e incluso la naturaleza para que podamos decir que estamos utilizando la innovación de manera responsable, en este caso la inteligencia artificial? ¿Qué es lo que tendría que cambiar?
Constanza Gómez-Mont: Primero, a mi parecer, la variable de éxito tiene que ser cuestionada. Creo que hablamos mucho de eficiencia y no tanto de propósito.
¿A qué me refiero? Cuando nuestro único indicador de éxito es cuánta eficiencia logramos en los sistemas, nos limitamos en lo que estamos definiendo como éxito. Si esa es nuestra única variable, entonces las decisiones se enfocan exclusivamente en cómo lograr más eficiencia.
Cuando la pregunta gira alrededor del propósito, considerando las dimensiones ambiental, social, cultural y, por supuesto, económica, necesariamente tenemos que abrir la forma en que medimos el éxito.
Si no establecemos mecanismos, salvaguardas y estándares como paso preliminar para entender qué tipo de industria digital estamos desarrollando, y no podemos medirla en términos sociales, ambientales, culturales y económicos, estamos dejando de ver para qué estamos desarrollando la tecnología.
A mi parecer, la tecnología no debería ser una respuesta a cómo ir más rápido en las industrias. Al final del día, ¿más rápido hacia qué? ¿Quién es el mejor?
Es una carrera bastante absurda cuando la vemos de una forma muy fría. Si no estamos logrando que la calidad de vida de las personas sea mejor y que el planeta sea lo suficientemente resiliente para sostener estas economías, entonces ¿para qué?
Podemos hablar del tema medioambiental por la importancia intrínseca de la biodiversidad. Pero, incluso si queremos hablar de competitividad económica, no tiene sentido que estemos acabando con el capital natural que sostiene la resiliencia de todas las economías del mundo.
Desde C-Minds estamos muy comprometidos con aportar valor mediante demostradores y también en temas de gobernanza. Si no entendemos el propósito real de estos sistemas de inteligencia artificial y simplemente nos enfocamos en la velocidad y la eficiencia, podemos terminar ignorando los impactos en todas las demás dimensiones que deberían ser importantes para tomar decisiones.
Cuando nos damos cuenta, puede ser demasiado tarde. Ya se construyó el centro de datos sin que se hicieran estas preguntas o cuestionamientos. Ya hubo minería en lugares biodiversos donde las comunidades locales ni siquiera participaron de los beneficios de lo que se extrajo de sus propios territorios.
Tampoco hubo regeneración de la biodiversidad en esos lugares y lo que tenemos ahora es más mercurio en los ríos, que está afectando a los niños y a las poblaciones que viven allí.
Hay muchísimos ejemplos. Este es el momento de construir una masa crítica muy profunda para preguntarnos hacia dónde estamos encaminando estas industrias digitales y cómo logramos que la tecnología esté al servicio de la vida, y no solamente de una carrera económica que no está beneficiando a la mayoría de las personas.
Stiven: Muchísimas gracias por esa respuesta, Constanza. Para cerrar, ¿dónde podemos encontrar más información sobre C-Minds?
Constanza Gómez-Mont: Por supuesto. C-Minds tiene una página web y redes sociales. Pero, más allá de la información que se encuentra en línea, lo que nos encanta como organización es el coaprendizaje.
Como podemos ver en este campo de la innovación social y ambiental, el uso de la inteligencia artificial y las preguntas éticas sobre dónde está el balance entre la velocidad y la profundidad son temas que requieren conocimiento y aprendizaje colectivo.
Las respuestas no son fáciles, pero existe un compromiso muy fuerte de muchas organizaciones como la nuestra, especialmente en esta región. Queremos aportar una narrativa más coherente con los principios y el contexto de Latinoamérica.
También queremos trabajar en mecanismos de financiamiento, acceso a mercados, herramientas tecnológicas e infraestructura que permitan que estos temas sean agendas accesibles para personas que quizá no tienen tanta experiencia técnica.
Muchas organizaciones, personas y empresas deberíamos contribuir a que el acceso a la tecnología, al capital y a los mercados sea más accesible.
Todo esto resume lo que somos: una organización a la que le encanta la cocreación y el coaprendizaje. Si algo de lo que han escuchado les resuena, nos encantará aprender también de las experiencias de otros.

Por Stiven Cartagena
septiembre 16, 2026