Por Stiven Cartagena
agosto 3, 2026
Un abogado hondureño que construye una startup legal, un acuario automatizado con inteligencia artificial y una plataforma que analiza lunares para detectar melanoma a tiempo. Suena a listado de startups, pero los tres proyectos comparten algo muy concreto, y es que pasaron por USTAAR, el programa acelerador de estudiantes de la Universidad de Miami. Y en una ciudad que lleva años vendiéndose como el puente natural entre Estados Unidos y América Latina, ese detalle no es menor.
América Latina arrastra desde hace décadas una de las tasas de inversión más bajas entre las economías emergentes, apenas cerca del 20% del PIB entre 1997 y 2022, muy por debajo de países comparables como Polonia o Turquía. Traducido a la vida de un founder, es capital escaso, mentoría escasa, y pocas puertas para entrar al mercado más grande del mundo. Ahí es donde ciudades como Miami empiezan a jugar un papel distinto.
A comienzos de este año Miami entró al top 20 de los ecosistemas de startups a nivel global, según la firma de inteligencia de negocios Dealroom. El valor empresarial estimado de sus compañías ya supera los 670,000 millones de dólares y buena parte de ese impulso viene de su acceso a mercados extranjeros, empezando por América Latina y siguiendo por países europeos como España.
Miami puede jugar un papel importante en acelerar el crecimiento del capital de riesgo y del ecosistema de startups en América Latina, al «conectar los recursos de Estados Unidos con las oportunidades de América Latina y el Caribe». Para un emprendedor en Bogotá, San Pablo o Tegucigalpa, eso se traduce en que las universidades y aceleradoras que funcionan como primera escala antes de intentar escalar de verdad en Estados Unidos.
Ahí entra USTAAR, el programa que lidera la Oficina del Vice Rector de Investigación y Estudios Superiores de la Universidad de Miami. Funciona en dos tiempos. Primero, los fundadores reciben hasta 10,000 dólares en financiamiento no dilutivo para validar su idea y construir un producto mínimo viable. Después, si el proyecto ya demostró tracción, pueden acceder a hasta 100,000 dólares en inversión de capital para escalar.
En abril, el programa celebró su tercera competencia anual de pitches y repartió cheques de 100,000 dólares entre cinco startups, con lo que llegó a 14 inversiones de capital desde que arrancó, según el periódico estudiantil de la universidad. Entre los ganadores recientes están Aura Insights, Suisqua, SkinSmart, Textile, y AIdMD.
«Como fundador que soy, he pasado por muchas de las dificultades que enfrentan estas startups. Por eso construimos un programa que ofrece mentoría práctica, alianzas con la comunidad, oportunidades de networking y capital semilla», cuenta Suhrud Rajguru, director de USTAAR, al periódico estudiantil de la universidad.
El programa nació en 2024 con una donación de 5 millones de dólares de Ángel Álvarez, exalumno de la universidad y fundador de ABB Optical, uno de los mayores distribuidores de productos ópticos del país, junto a su hermano Víctor Álvarez, socio retirado de finanzas corporativas en White & Case LLP. «Nuestra visión es ser un catalizador que permita a los estudiantes ver cómo pueden cambiar el mundo», dijo Álvarez cuando anunció la aceleradora.
El caso que mejor resume ese flujo de talento regional es el de Reynaldo Pineda, abogado hondureño y estudiante de doctorado en Ciencias Jurídicas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Miami. Pineda fundó ULaw, una app que conecta a las personas con abogados licenciados para responder consultas puntuales, y hoy es parte del portafolio de USTAAR mientras intenta abrirse camino en el mercado legal estadounidense.
El año pasado dio una charla a profesionales del derecho hondureños sobre los retos de entrar a ese mercado, en la que insistió en algo que casi todo fundador migrante termina aprendiendo por las malas: hay que construir conexiones desde cero, reinventarse en un ecosistema ajeno y entender que las reglas del juego local y las del mercado internacional no siempre coinciden. Su historia no es aislada. Cada vez más emprendedores de la región llegan a las universidades de Miami buscando exactamente eso: una puerta de entrada, y programas como USTAAR terminan siendo su primera fuente de capital y de validación.
Otros programas de incubación estudiantil en el sur de Florida apuntan al mismo objetivo. el Future Founders Accelerator, del centro de emprendimiento Launch Pad de la propia Universidad de Miami; StartUP FIU, en la Universidad Internacional de Florida; y Build Up, del Idea Center en Miami Dade College. USTAAR, por su parte, está abierto a todos los estudiantes y aprendices de la universidad, y busca «impulsar el desarrollo socioeconómico en el sur de Florida y más allá», dice Rajguru, ayudando a comercializar investigación que viene de biomedicina, ingeniería, ciencia de datos y finanzas.
En una región donde la inversión sigue por debajo de la de economías comparables, según McKinsey, un puente como el que ofrece Miami, con capital, mentoría y acceso a redes de negocios estadounidenses, puede ser justo lo que separa a una idea que se queda en el papel de una que termina escalando al mercado más grande del planeta.
Por Israel Pantaleón
mayo 6, 2026
Por Stiven Cartagena
marzo 24, 2026
abril 2, 2025
marzo 12, 2025