Por Stiven Cartagena
agosto 6, 2026
Amazon dio un golpe fuerte en la disputa por el control de la inteligencia artificial: soltó de una sola vez los 50.000 millones de dólares que tenía comprometidos con OpenAI y con eso se quedó con cerca del 5% de la empresa detrás de ChatGPT. La jugada llega poco antes de que la startup debute en bolsa, algo previsto para el próximo año. No pocos analistas se sorprendieron con la movida, que le entrega a la compañía un colchón financiero inmediato pese a que todavía opera con números en rojo.
La firma de comercio electrónico ya había puesto 15.000 millones en febrero, dentro de una alianza comercial previa, y dejó pendientes los 35.000 millones restantes, atados a ciertas condiciones entre ellas, que OpenAI saliera a bolsa o que lograra algún avance tecnológico realmente significativo. Pero, según los resultados financieros más recientes de Amazon, terminó liberando el pago completo sin que se cumpliera ninguno de esos requisitos.
La cifra en sí ya llama la atención, pero el trasfondo va más allá del dinero: se trata de un reacomodo de piezas dentro de la infraestructura tecnológica que sostiene a toda la industria de la IA. El acuerdo refuerza la relación entre ambas compañías a través de varios contratos comerciales, enfocados sobre todo en el suministro de chips, capacidad de cómputo y servicios en la nube.
En la práctica, esto refuerza drásticamente la capacidad de OpenAI para entrenar nuevos y más avanzados modelos de IA. Este proceso de entrenamiento es una tarea inmensamente costosa pero vital para que la empresa pueda mantener su competitividad frente a laboratorios fronterizos rivales como Anthropic, Google y diversos competidores chinos.
Para dimensionar la magnitud de este reto financiero, basta observar la explosión de los costos operativos. Mientras que en 2020 el entrenamiento de GPT-3 requirió cerca de 4,6 millones de dólares, en 2023 la factura computacional de GPT-4 se disparó hasta los 78 millones. El desarrollo total de este último modelo superó los 100 millones de dólares, tal como confirmó el CEO de OpenAI, Sam Altman. En paralelo, esta maniobra expone la agresiva ofensiva de Amazon por adueñarse de la infraestructura base de la inteligencia artificial.
La compañía de Seattle también ha respaldado financieramente a Anthropic, el creador de Claude, comprometiendo hasta 33.000 millones de dólares en dicha empresa (de los cuales ya ha invertido 18.000 millones).
A través de ambas alianzas, Amazon busca impulsar la adopción de sus propios chips Trainium. Este movimiento es vital para la industria, ya que Nvidia controla actualmente el 92% del mercado global de GPUs para centros de datos orientados a IA, blindada principalmente por su ecosistema de software CUDA. Al competir directamente contra el hardware líder de Nvidia y la tecnología TPU de Google, Amazon busca diversificar el mercado y asegurar que los modelos de ambos laboratorios estén disponibles para sus clientes de la nube.
A nivel macroeconómico y corporativo, la valoración implícita de OpenAI tras recibir este último tramo alcanza ahora la cifra de 852.000 millones de dólares. Sin embargo, el verdadero impacto general de esta noticia radica en cómo altera las relaciones de poder entre las «Big Tech».
El desembolso total de Amazon solo fue posible gracias a un movimiento estratégico previo, en abril de este año, OpenAI renegoció un contrato con Microsoft, lo que abrió la puerta para que otros proveedores de la nube, incluido AWS, pudieran alojar y dar servicio a la plataforma de OpenAI.
Este es un cambio en la tabla, considerando que reportes previos indicaban que Microsoft había sopesado emprender acciones legales por un posible incumplimiento de contrato relacionado precisamente con el acuerdo entre OpenAI y Amazon.
Con este movimiento, Amazon no solo se asegura de que los modelos de IA de los dos laboratorios más importantes del mundo (OpenAI y Anthropic) estén disponibles para sus clientes, sino que rompe la exclusividad de facto que Microsoft parecía tener sobre los servicios de OpenAI.
Dabe destacar que AWS, Azure y Google Cloud concentran conjuntamente cerca del 67% del mercado mundial de la nube. Durante los últimos trimestres, el rápido crecimiento de Azure ha estado impulsado agresivamente por su alianza exclusiva con OpenAI, atrayendo a clientes empresariales desesperados por integrar IA generativa en sus operaciones.
Por eso, al lograr que los modelos de OpenAI corran nativamente en AWS, Amazon neutraliza la principal ventaja competitiva de Microsoft. Ya no hay necesidad de que una corporación migre toda su infraestructura a Azure solo para acceder a las herramientas de ChatGPT; AWS ahora puede ofrecer la misma tecnología de vanguardia, reteniendo a sus clientes y asegurando su posición dominante en la cima del mercado global de la nube.